Cien años de soledad
Cien años de soledad Los días en Macondo transcurrían entre el canto de los pájaros y los rumores de los gitanos, que traían historias de ciudades de hielo y barcos fantasmales varados en el desierto. Mientras tanto, los Buendía afrontaban otra batalla: el silencio de la descendencia. Úrsula, temerosa de la maldición de su sangre —un hijo nacido con cola de cerdo—, se negaba a consumar el matrimonio.
Pero el destino tenía otros planes. Una noche, tras una discusión que sacudió las paredes de la casa, José Arcadio salió al patio, donde una ráfaga de viento frío lo envolvió. Se sintió invadido por la misma fuerza que lo había llevado a fundar Macondo.
—Lo cambiaremos todo —susurró para sí mismo.
En ese momento, Úrsula decidió enfrentarse a sus miedos. Pronto, el primer Buendía nacería, y con él, las raíces del linaje comenzarían a enredarse con el tiempo.
El pasado y el futuro se agitaban en la espesura de Macondo, listos para entrelazarse en un ciclo eterno.
