Historias inconscientes
Historias inconscientes Alejandro llegó al consultorio un dÃa lluvioso, con el rostro marcado por la desesperanza y una expresión que parecÃa gritar que no habÃa más opciones. "Tengo un revólver en la mano, licenciado, y estoy decidiendo si me mato o si me doy una oportunidad". Su voz en el contestador era aguda, quebrada, pero llena de algo más profundo: un llamado. Cuando por fin entró a la oficina, su apariencia era la de un hombre envejecido por la vida, aunque no por los años. El cabello desordenado, la barba descuidada y un caminar cansado, como si cargara todo el peso del mundo sobre los hombros.
"¿Por qué decidió venir, Alejandro?", pregunté mientras él se retorcÃa en la silla, incapaz de mirar directamente. Sus manos temblaban. Encendió un cigarrillo que apretó entre los labios antes de contestar, con una risa amarga: "Porque no puedo más. Porque cada noche veo sus caras, los escucho decir que los dejé, que los abandoné… ¿Pero qué podÃa hacer? ¡Era solo un chico!".
Su historia comenzaba como un relato heroico: "Estuve en Malvinas. Fui soldado. Peleé por mi patria". La narrativa, aparentemente firme, tenÃa grietas. Hablaba del frÃo, del hambre, de la soledad en las trincheras, pero habÃa algo que no encajaba. Sus palabras estaban cargadas de emociones reales, pero el lenguaje traicionaba los detalles.
