Historias inconscientes
Historias inconscientes "¿Cómo era la nieve en Malvinas?", le pregunté en una sesión posterior, casi casualmente. Se quedó en silencio, la mirada clavada en el suelo. Después de unos instantes, murmuró: "No quiero hablar de eso".
Los terrores nocturnos lo acosaban desde hacía años. "Cada vez que cierro los ojos, ellos están ahí. Mis compañeros. Los veo tan claramente como lo estoy viendo a usted ahora. Me reprochan. Me gritan que los dejé". Las imágenes de la guerra, tan vívidas, resultaron ser un disfraz de algo más profundo: el recuerdo de un pasado que Alejandro había enterrado bajo capas de mentiras.
Con el tiempo, la verdad comenzó a surgir. Alejandro nunca estuvo en Malvinas. La "guerra" que describía no era más que un intento desesperado por darle sentido a un pasado marcado por el abandono. Había crecido en un orfanato, un lugar frío y hostil, donde el hambre y el maltrato eran rutina. "Nos cerraban en un salón con candados por la noche", confesó una vez, mientras sus manos se retorcían en las piernas. "Y si tenías suerte, no te tocaba el turno con el director. Pero la mayoría de las veces no había suerte".