Historias inconscientes
Historias inconscientes El abuso que sufrió en ese lugar era el verdadero campo de batalla. Una noche, durante un corte de luz, decidió escapar. "Les dije a los chicos que iba a irme, pero no podía llevarlos conmigo. ¿Cómo iba a cuidar de ellos si ni siquiera sabía cómo cuidarme a mí mismo? Me fui. Y ahora me atormentan porque los dejé allí".
En una de las últimas sesiones, habló del peso de la mentira: "Todo lo que soy es una mentira. Inventé Malvinas porque no podía vivir con lo que realmente pasó. Pero no importa lo que invente; la culpa siempre está ahí". Lo miré y respondí, en un tono firme pero sereno: "Alejandro, lo que pasó no fue su culpa. Usted era un niño. No podía salvarlos entonces, pero ahora puede salvarse a sí mismo".
Con el tiempo, Alejandro empezó a reconstruir su historia. El hombre que llegó al consultorio con un revólver en la mano encontró un nuevo lenguaje para hablar de su dolor. Reconoció que su historia no era heroica, pero tampoco era una vergüenza. Era una lucha por sobrevivir, por encontrar sentido en medio de un pasado que lo había dejado roto. Al final, Alejandro entendió que no necesitaba una mentira para vivir. Su verdad, por dolorosa que fuera, era suficiente.