La zapatera prodigiosa
La zapatera prodigiosa Lo que he dicho.
ZAPATERA:
Pues si dices tú, más digo yo y puedes enterarte, y todos los del pueblo, que hace cuatro meses que se fue mi marido y no cederé a nadie jamás, porque una mujer casada debe estarse en su sitio como Dios manda. Y que no me asusto de nadie, ¿lo oyes?, que yo tengo la sangre de mi abuelo, que esté en gloria, que fue desbravador de caballos y lo que se dice un hombre. Decente fui y decente lo seré. Me comprometí con mi marido. Pues hasta la muerte. (Don Mirlo sale por la puerta rápidamente y haciendo señas que indican una relación entre él y la Zapatera.)
MOZO DEL SOMBRERO:
(Levantándose.) Tengo tanto coraje que agarraría un toro de los cuernos, le haría hincar la cerviz en las arenas y después me comería sus sesos crudos con estos dientes míos, en la seguridad de no hartarme de morder. (Sale rápidamente y don Mirlo huye hacia la izquierda.)
ZAPATERA:
(Con las manos en la cabeza.) Jesús, Jesús, Jesús y Jesús. (Se sienta.)
ESCENA II
Zapatera y Niño.
Por la puerta entra el Niño, se dirige a la Zapatera y le tapa los ojos.