La zapatera prodigiosa

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ESCENA III

Zapatera y Alcalde.

ALCALDE:

Por lo que veo, este niño sabio y retorcido es la única persona a quien tratas bien en el pueblo.

ZAPATERA:

No pueden ustedes hablar una sola palabra sin ofender… ¿De qué se ríe su ilustrísima?

ALCALDE:

¡De verte tan hermosa y desperdiciada!

ZAPATERA:

¡Antes un perro! (Le sirve un vaso de vino.)

ALCALDE:

¡Qué desengaño de mundo! Muchas mujeres he conocido como amapolas, como rosas de olor… mujeres morenas con los ojos como tinta de fuego, mujeres que les huele el pelo a nardos y siempre tienen las manos con calentura, mujeres cuyo talle se puede abarcar con estos dos dedos, pero como tú, como tú no hay nadie. Anteayer estuve enfermo toda la mañana porque vi tendidas en el prado dos camisas tuyas con lazos celestes, que era como verte a ti, zapatera de mi alma.

ZAPATERA:

(Estallando furiosa.) Calle usted, viejísimo, calle usted; con hijas mozuelas y lleno de familia no se debe cortejar de esta manera tan indecente y tan descarada.


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