La zapatera prodigiosa
La zapatera prodigiosa Nada, pensaba… que si tú fueras como debías ser, te hubiera enterado que tengo voluntad y valentía para hacer escritura, delante del notario, de una casa muy hermosa.
ZAPATERA:
¿Y qué?
ALCALDE:
Con un estrado que costó cinco mil reales, con centros de mesa, con cortinas de brocatel, con espejos de cuerpo entero…
ZAPATERA:
¿Y qué más?
ALCALDE:
(Tenoriesco.) Que la casa tiene una cama con coronación de pájaros y azucenas de cobre, un jardín con seis palmeras y una fuente saltadora, pero aguarda, para estar alegre, que una persona que sé yo se quiera aposentar en sus salas donde estaría… (Dirigiéndose a la Zapatera.) Mira, ¡estarías como una reina!
ZAPATERA:
(Guasona.) Yo no estoy acostumbrada a esos lujos. Siéntese usted en el estrado, métase usted en la cama, mírese usted en los espejos y póngase con la boca abierta debajo de las palmeras esperando que le caigan los dátiles, que yo de zapatera no me muevo.
ALCALDE: