La zapatera prodigiosa
La zapatera prodigiosa No, es que un mosco de esos que hacen piiiiii, me ha picado en este ojo.
NIÑO:
¿Quiere usted que le sople?
ZAPATERA:
No, hijo mío, ya se me ha pasado… (Le acaricia.) ¿Y qué es lo que quieres?
NIÑO:
Vengo con estos zapatos de charol, costaron cinco duros, para que los arregle su marido. Son de mi hermana la grande, la que tiene el cutis fino y se pone dos lazos, que tiene dos, un día uno y otro día otro, en la cintura.
ZAPATERA:
Déjalos ahí, ya los arreglarán.
NIÑO:
Dice mi madre que tenga cuidado de no darles muchos martillazos, que el charol es muy delicado, para que no se estropee el charol.
ZAPATERA:
Dile a tu madre que ya sabe mi marido lo que tiene que hacer, y que así supiera ella aliñar con laurel y pimienta un buen guiso como mi marido componer zapatos.
NIÑO:
(Haciendo pucheros.) No se disguste usted conmigo, que yo no tengo la culpa y todos los días estudio muy bien la gramática.