Yerma
Yerma LAVANDERA 4. Cada hora que transcurre aumenta el infierno en aquella casa. Ella y las cuñadas, sin despegar los labios, blanquean todo el día las paredes, friegan los cobres, limpian con vaho los cristales, dan aceite a la solería. Pues, cuando más relumbra la vivienda, más arde por dentro.
LAVANDERA I. Él tiene la culpa, él. Cuando un padre no da hijos debe cuidar de su mujer.
LAVANDERA 4. La culpa es de ella, que tiene por lengua un pedernal.
LAVANDERA I. ¿Qué demonio se te ha metido entre los cabellos para que hables así?
LAVANDERA 4.¿Y quién ha dado licencia a tu boca para que me des consejos?
LAVANDERA 5 ¡Callar!
(Risas.)
LAVANDERA I. Con una aguja de hacer calceta ensartaría yo las lenguas murmuradoras.
LAVANDERA 5. ¡Calla!
LAVANDERA 4. Y yo la tapa del pecho de las fingidas.
LAVANDERA 5. Silencio. ¿No ves que por ahí vienen las cuñadas?
(Murmullos. Entran las dos cuñadas de Yerma. Van vestidas de luto. Se ponen a lavar en medio de un silencio. Se oyen esquilas.)
LAVANDERA I. ¿Se van ya los zagales?
LAVANDERA 3. Sí, ahora salen todos los rebaños.