Yerma
Yerma VÍCTOR. Vengo a despedirme.
YERMA. (Se estremece ligeramente, pero vuelve a su serenidad) ¿Te vas con tus hermanos?
VÍCTOR. Así lo quiere mi padre.
YERMA. Ya debe estar viejo.
VÍCTOR. Sí, muy viejo. (Pausa)
YERMA. Haces bien en cambiar de campos.
VÍCTOR. Todos los campos son iguales.
YERMA. No. Yo me iría muy lejos.
VÍCTOR. Es todo lo mismo. Las mismas ovejas tienen la misma lana.
YERMA. Para los hombres, sí, pero las mujeres somos otra cosa. Nunca oí decir a un hombre comiendo: «¡Qué buena son estas manzanas!». Vais a lo vuestro sin reparar en la delicadezas. De mí sé decir que he aborrecido el agua de estos pozos.
VÍCTOR . Puede ser.
(La escena está en una suave penumbra. Pausa.)
YERMA. Víctor.
VÍCTOR. Dime.
YERMA. ¿Por qué te vas? Aquí las gentes te quieren.
VÍCTOR. Yo me porté bien. (Pausa.)
YERMA. Te portaste bien. Siendo zagalón me llevaste una vez en brazos; ¿no recuerdas? Nunca se sabe lo que va a pasar.
VÍCTOR. Todo cambia.