Cranford

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Esta pobreza general, inconfesable, así como el refinamiento ampliamente reconocido, tenían algunas consecuencias nada malas y que, de adoptarse en muchos círculos de la sociedad, contribuirían a su mejora. Por ejemplo, las habitantes de Cranford se recogían muy temprano; a eso de las nueve de la noche se dirigían a sus casas repiqueteando con los zuecos y precedidas de alguien que alumbraba el camino con un farol, y a las diez y media todo el mundo estaba en cama durmiendo. Además, se consideraba «vulgar» (terrible palabra en Cranford) ofrecer en las reuniones algo de comer o beber que resultase muy caro. Barquillos, pan con mantequilla y bizcochuelos, sólo a eso convidaba la honorable señora Jamieson. ¡Y eso que era la cuñada del difunto conde de Glenmire! Sin embargo, también ella practicaba tan «elegante economía».










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