Cranford
Cranford —Voy a apagar la vela. Podemos hablar perfectamente al resplandor de la lumbre. Bien, prosigamos. Deborah pasaba quince dÃas fuera de casa. Recuerdo perfectamente que hacÃa un dÃa sereno y apacible, y que las lilas estaban en flor, asà que deduzco que era primavera. Mi padre habÃa ido a visitar a unos feligreses enfermos. Parece como si lo viera ahora: salió de casa con peluca, sombrero de teja y bastón. Ignoro qué demonio poseÃa a nuestro pobre Peter, pues tenÃa el carácter más dulce y sin embargo parecÃa que disfrutaba molestando continuamente a Deborah. Le irritaba que ella jamás se riese de sus bromas y le considerase poco caballeroso y carente de voluntad para perfeccionar su espÃritu.