Cranford
Cranford »Recuerdo que me quedé mirándolo fijamente para adivinar el significado de sus palabras, y cuando lo conseguí, solté una carcajada. ¡Qué espanto aquel nuevo pensamiento! Nuestro querido Peter, tan vivaz, ahora frío, rígido y muerto. Aún ahora recuerdo el sonido de mi carcajada.
»Al día siguiente, Deborah había regresado antes de que yo recobrase el conocimiento. Ella no habría sido tan débil para abandonarse como yo; pero mis alaridos (mi espantosa risa había terminado en llanto) habían hecho reaccionar a mi querida madre, que se había recuperado tan pronto como uno de sus hijos la necesitó. Ella y Deborah estaban sentadas junto a la cama y por su mirada adiviné que no había noticias de Peter, ni siquiera aquellas tan horribles y espantosas que me habían aterrado en el aletargado estado entre sueño y vigilia.
»El infructuoso resultado de la búsqueda había proporcionado cierto consuelo a mi madre, a quien, estoy segura, la idea de que Peter pudiera estar ahorcado en cualquier rincón de la mansión familiar la había empujado al interminable recorrido de la víspera. Sus ojos de mirada suave nunca más volvieron a ser los mismos; desde aquel día eran inquietos, ansiosos, ávidos de encontrar lo imposible. ¡Qué época tan terrible! Cayó como un rayo en aquel apacible día soleado en que las lilas estaban en flor.