Cranford
Cranford »Mi madre estaba preciosa después de muerta. Siempre había sido bonita, pero ahora estaba hermosa, cérea, joven; más joven que Deborah, que permanecía a su lado entre estremecimientos y temblores. La envolvimos con los sedosos pliegues del chal; ella sonreía, como complacida. Vino gente (todo Cranford) suplicando verla, porque la apreciaban de verdad y era comprensible; las campesinas venían con ramilletes de flores y la mujer del viejo Clare trajo unas violetas blancas y nos pidió que se las pusiéramos sobre el pecho.