Cranford
Cranford »El dÃa del entierro de mi madre, Deborah me dijo que, aunque tuviera cien propuestas de matrimonio, no se casarÃa nunca para no dejar a mi padre solo. No era probable que tuviera tantas; de hecho jamás tuve conocimiento de ninguna, pero eso no restaba mérito a su propósito. Para mi padre fue la mejor hija que haya existido. Cuando le falló la vista, le leÃa un libro tras otro, escribÃa, copiaba y estaba siempre a su servicio para los deberes parroquiales. Le ayudaba mucho más que su pobre esposa y una vez incluso escribió una carta al obispo en su nombre. Sin embargo, él echaba mucho de menos a mi madre; toda la parroquia se daba cuenta. No es que estuviera menos activo; yo creo que lo era mucho más, y también más paciente para asistir a los demás. Yo hacÃa cuanto podÃa con el fin de dejar a Deborah más libre para estar con él. Era consciente de que no valÃa para mucho y que lo mejor que podÃa hacer en el mundo era realizar mis tareas en silencio y dejar libres a los demás. Mi padre, no obstante, era otro.
—¿Regresó el señorito Peter?