Cranford
Cranford —¿Me ha parecido oÃr que asistirá la señora Jamieson? —preguntó la señorita Matty.
—SÃ. Ha tenido la gentileza y la condescendencia de aceptar la invitación con sumo gusto. Con una pequeña condición, eso sÃ: la de llevar a Carlo. Yo le he respondido que mi única debilidad eran los perros.
—¿Y la señorita Pole? —quiso saber la señorita Matty, que pensaba en la partida de cartas y que Carlo no servÃa como compañero.
—Tengo la intención de invitarla. Como es natural, no podÃa pensar en hacerlo antes de decÃrselo a usted, la hija del párroco. No olvido que mi padre estuvo al servicio del suyo, puede creerme.
—Supongo que también asistirá la señora Forrester.
—Por supuesto. En realidad, habÃa pensado ir a invitarla antes que a la señorita Pole, aunque sus circunstancias han cambiado: ella nació en Tyrrell, y no hay que olvidar su parentesco adquirido con los Bigges, de Bigelow Hall.
A la señorita Matty la preocupaba más el pequeño detalle de que era una jugadora de cartas excelente.
—La señora Fitz-Adam también, supongo.