Cranford
Cranford Dudo que la tarta de ciruelas desatara tanto la lengua de la señora Jamieson como aquel aguardiente de ciruelas, pero nos habló de un próximo acontecimiento sobre el cual hasta entonces habÃa mantenido un silencio absoluto.
—Mi cuñada, lady Glenmire, vendrá a vivir conmigo.
—¿De veras? —exclamamos a coro. Luego se hizo una pausa. Cada una de nosotras repasaba mentalmente si su guardarropa era idóneo para presentarse ante la viuda de un barón, pues en Cranford la llegada de una visita a casa de una de nuestras amigas suponÃa la celebración de una serie de festejos. En aquella ocasión nos sentÃamos muy ilusionadas. Al poco rato anunciaron la llegada de las criadas con los faroles. La señora Jamieson tenÃa la litera, que a duras penas habÃan logrado embutir en el estrecho zaguán de la señorita Barker y que literalmente «obstaculizaba el paso»[21]. Se requirió una diestra maniobra por parte de los viejos silleteros (zapateros de dÃa que cuando se los reclamaba para llevar la litera se vestÃan con una anticuada librea, una larga casaca con esclavinas contemporánea de la litera y parecida a la indumentaria de los cuadros de Hogarth) para inclinarla, retroceder, intentarlo de nuevo y finalmente lograr sacar la carga y dejarla ante la puerta de entrada de la señorita Barker.