Cranford
Cranford Después oímos su trotecito ligero por la silenciosa callejuela mientras nos poníamos las capotas y nos sujetábamos los abrigos con los prendedores. La señorita Barker revoloteaba a nuestro alrededor dispuesta a prestarnos una ayuda que habría sido mucho más solícita si no hubiera recordado su antigua ocupación y a la vez no hubiera deseado que nosotras la olvidáramos.