Cranford
Cranford —¡Y pensar que esta mañana he encargado una gorra para estar preparada! —se lamentó finalmente, revelando el secreto que la mortificaba por la negativa de la señora Jamieson—. Ya verá la señora Jamieson si le resulta tan fácil que haga de cuarta jugadora en las partidas de naipes cuando no tenga ningún ilustre familiar escocés al lado.
El primer domingo que lady Glenmire estaba en Cranford, a la salida de la iglesia nos reunimos a charlar con diligencia y volvimos la espalda a la señora Jamieson y su invitada. Si no podÃamos ir a visitarla, no nos dignarÃamos a dirigirle la mirada, aunque estábamos muertas de curiosidad por ver qué aspecto tenÃa. Nos quedaba el consuelo de preguntárselo a Martha por la tarde; esta, al no pertenecer a un entorno social cuyas miradas pudieran suponer un cumplido implÃcito para lady Glenmire, habÃa hecho un buen uso de sus ojos.
—¿Se refiere usted a la pequeña dama que acompañaba a la señora Jamieson? Pensaba que preferirÃa saber cómo iba vestida la señora Smith, ya que está recién casada.
La señora Smith era la mujer del carnicero.
—Válgame Dios —exclamó la señorita Pole—. ¿Qué puede importarnos la señora Smith?
Sin embargo se mantuvo en silencio al ver que Martha reanudaba la explicación.