Cranford
Cranford —¡No lo creo! —exclamó la señorita Pole con aire de desafÃo. Él volvió a mirarla con el mismo semblante de digna reprobación—. ¡No lo creo! —repitió con más convencimiento—. El signor Brunoni no tenÃa esa especie de mata de pelo en la barbilla; parecÃa un caballero cristiano recién afeitado.
La enérgica perorata de la señorita Pole tuvo a bien despertar a la señora Jamieson, que abrió desmesuradamente los ojos en señal de la atención más profunda, acción que hizo callar a la señorita Pole y animó al Gran Turco a continuar, cosa que hizo en un inglés muy incorrecto; tanto que finalmente él se dio cuenta de que sus frases eran incoherentes y dejó de hablar para pasar a la acción.