Cranford
Cranford Podríamos habernos mostrado triunfantes sobre la señorita Pole, que se declaraba tan valiente antes de que la invadiera el miedo, pero nos alegraba demasiado ver que participaba de las debilidades humanas para burlarnos de ella; le cedí gustosamente mi habitación para aquella noche y la señorita Matty compartió su cama conmigo. Antes de retirarse, sin embargo, las dos damas sacaron de lo más recóndito de su memoria unas historias de robos y crímenes tan siniestras que yo temblaba como una hoja. La señorita Pole estaba ansiosa por demostrar que había presenciado aquellos terribles sucesos y poder justificar así su repentino pánico, y la señorita Matty no quería que la superasen y remataba cada historia con otra más terrible aún, hasta el punto que recordé, cosa extraña, una vieja historia que había leído en alguna parte, de un ruiseñor y un músico que rivalizaron entre sí para ver quién producía una música más admirable hasta que la pobre Filomela cayó muerta.