Cranford
Cranford —A mà me lo van a decir —exclamó la señorita Pole furiosa de que por un momento nos sintiéramos engañadas—. Creo que le robaron, tal como me dijo Betty, y tiene vergüenza de admitirlo; la verdad es que fue muy necio por su parte dejar que le asaltaran en la misma puerta de su casa. Supongo que teme que esto le desmerezca ante los ojos de la sociedad de Cranford y por eso desea ocultarlo. Sin embargo, no tenÃa por qué tratar de engañarme diciendo que seguramente habÃa oÃdo el relato exagerado de un hurto insignificante ocurrido la semana anterior, cuando, según parece, se le llevaron un pescuezo de añojo del arca del patio; tuvo la impertinencia de decir que probablemente habÃa sido obra del gato. Si pudiera llegar al fondo del asunto, estoy segura de que fue aquel irlandés disfrazado de mujer que vino a espiar a mi casa con el cuento de los niños muertos de hambre.