Cranford
Cranford Después de condenar debidamente la poca sinceridad demostrada por el señor Hoggins, y de denostar a los hombres en general tomándole a él como representante y arquetipo, pasamos al tema que nos ocupaba antes de la aparición de la señorita Pole; es decir, hasta qué punto, considerando la actual situación de desorden que sufría la región, nos podíamos aventurar a aceptar una invitación que la señorita Matty acababa de recibir de la señora Forrester para que acudiéramos, como cada aniversario de su boda, a tomar el té con ella a las cinco y después a jugar una tranquila partida de cartas. La señora Forrester puntualizaba que nos invitaba con cierta prevención, pues temía que los caminos eran muy inseguros, pero sugería que una de nosotras tal vez no tendría inconveniente en utilizar la litera y las otras, si andaban con brío, seguramente podrían seguir el paso vivo de los porteadores y llegar así sanas y salvas a Over Place, un arrabal de la ciudad. (Aunque no, esta es una expresión demasiado pomposa: un pequeño núcleo de casas separado de Cranford por unas doscientas yardas de camino oscuro y solitario). Sin duda, una invitación similar estaba aguardando en casa de la señorita Pole, de modo que su visita fue una feliz coincidencia porque nos permitía tomar una decisión juntas. Todas hubiéramos preferido rechazar la invitación, pero comprendimos que sería una descortesía con la señora Forrester, pues la dejaríamos sola con los recuerdos de una vida no muy feliz ni venturosa. La señorita Matty y la señorita Pole habían asistido a tal celebración durante muchos años y prefirieron galantemente revestirse de valor y atravesar Darkness Lane antes que pecar de deslealtad con su amiga. Cuando llegó el día señalado, la señorita Matty (se decidió que ocupase ella la litera, pues estaba resfriada), antes de que la embutieran dentro como un muñeco de resorte en una caja de sorpresa, imploró a los porteadores que, pasara lo que pasara, no echasen a correr dejándola allí encerrada para que la asesinaran; y aun después de escuchar su promesa, vi que contraía la cara con la firme determinación de una mártir y a través del cristal me dirigió un melancólico y siniestro gesto con la cabeza. Llegamos, no obstante, sanas y salvas, aunque sin aliento, porque atravesamos Darkness Lane a toda carrera y me temo que la pobre señorita sufrió un terrible traqueteo.