Cranford
Cranford La señora Forrester había hecho unos preparativos extraordinarios, como premio a nuestro esfuerzo por ir a visitarla a pesar de los grandes peligros. Se pusieron en juego las habituales formas de cortés ignorancia acerca de qué nos servirían las sirvientas. La buena armonía y la partida de preference parecían ser la orden del día, pero no sé cómo se inició una interesante conversación relacionada, naturalmente, con los ladrones que infestaban el vecindario de Cranford.