Cranford
Cranford —No, no, señora. Es completamente legal. Verá, señora: es de un banco privado que según los informes está a punto de quebrar. El señor Johnson se limita a cumplir con su deber, señora, y estoy seguro de que el señor Dobson lo comprende.
El señor Dobson no podÃa responder con una sonrisa a la inclinación de cabeza que le dirigÃan. Estaba absorto, dando vueltas al pagaré entre los dedos y mirando con tristeza el paquete que contenÃa el chal que acababa de elegir.
—Es un golpe muy duro para un hombre pobre como yo —dijo—, que se gana cada cuarto de penique con el sudor de su frente. Pero no hay remedio. Coja su chal, señor. Lizzle seguirá llevando su capa quién sabe cuánto tiempo más. Los higos para los pequeños me los llevaré. Se los habÃa prometido; pero el tabaco y las demás cosas…
—Le doy cinco soberanos por el pagaré, buen hombre —intervino la señorita Matty—. Creo que hay un grave error. Soy una de las accionistas y estoy segura de que me habrÃan avisado si las cosas no fueran bien.
El dependiente susurró unas palabras a la señorita Matty por encima del mostrador. Ella le miró con cara de duda.