Cranford
Cranford Examinamos minuciosamente los modelos con el mismo interés curioso que si hubiéramos comprado la tela a la cual aplicarlos. No me pareció que el pequeño incidente ocurrido en la tienda hubiera disminuido en absoluto la curiosidad de la señorita Matty por la forma de las mangas o la caída de las faldas. Nos felicitamos una o dos veces por la oportunidad de poder ver los chales y sombreros a nuestras anchas y sin compañía, pero todo el tiempo no estuve muy segura de que nuestra visita fuese tan solitaria, pues vislumbré una figura que se ocultaba tras los mantos y las capas, y con un hábil movimiento me encontré frente a frente con la señorita Pole, vestida también de mañana (cuya principal característica era no llevar los dientes y se cubría con un velo para ocultar la deficiencia), que venía con el mismo objeto que nosotras. Sin embargo, se marchó enseguida porque, según dijo, le dolía la cabeza y no se sentía con ánimos de mantener una conversación.