Cranford

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Un día, en una selecta reunión ofrecida en su honor por la señorita Pole (de la cual, puesto que la señora Jamieson la honraba con su presencia e incluso se había ofrecido a enviar al señor Mulliner para que ayudase a servir, fueron necesariamente excluidos el señor y la señora Hoggins y también la señora Fitz-Adam), aquel día, como iba diciendo, el señor Peter dijo que estaba cansado de sentarse erguido y apoyándose contra el respaldo duro de aquellas sillas incómodas y preguntó si podía tomarse la libertad de sentarse en el suelo con las piernas cruzadas. La señorita Pole se apresuró a dar su consentimiento y él adoptó su nueva postura con la mayor solemnidad. No obstante, cuando la señorita Pole me preguntó en un audible susurro «si no me recordaba al Padre de los Fieles», no pude por menos que pensar en el pobre Simon Jones, el sastre cojo, y mientras la señora Jamieson comentaba pausadamente la elegancia y la conveniencia de semejante postura, me vino a la memoria cómo nos habíamos abandonado a su influencia en el momento de condenar al señor Hoggins por su vulgaridad, sólo porque cruzaba las piernas cuando estaba sentado, bien erguido, en una silla. Las maneras del señor Peter a la hora de comer también resultaban un tanto extrañas para las damas como la señorita Pole, la señorita Matty y la señora Jamieson, en especial cuando me acordaba de los guisantes intactos y el tenedor de dos puntas de aquella cena en casa del malogrado señor Holbrook.


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