Cranford
Cranford Asà lo hice, y a continuación me incliné para besar a la señorita Matty y ver si era cierto que estaba helada. Me cogió la mano y la apretó con fuerza, inconscientemente, creo, pues tras un par de minutos estaba hablando con su voz de siempre y nos tranquilizaba con su sonrisa, aunque se sometió con paciencia a las prescripciones que le impusimos de abrigarse al calor de la cama y de tomar un vaso de carraspada suave. Yo me iba de Cranford al dÃa siguiente y antes de partir pude comprobar que los efectos de la ventana abierta habÃan desaparecido. Durante las últimas semanas de mi estancia habÃa supervisado la mayor parte de los cambios necesarios en la casa. La tienda volvÃa a ser el salón y las habitaciones que resonaban de tan vacÃas estaban amuebladas de nuevo hasta las mismas buhardillas.