Cranford
Cranford Dejé a la señorita Matty y al señor Peter bien instalados y satisfechos; el único motivo de pesar para el bondadoso corazón de una y la naturaleza cordial y sociable del otro era la desdichada enemistad entre la señora Jamieson y los plebeyos Hoggins y sus seguidores. Un día profeticé en broma que aquella situación se prolongaría hasta que la señora Jamieson o el señor Mulliner enfermasen, en cuyo caso estarían entusiasmados de ser amigos del señor Hoggins; a la señorita Matty, sin embargo, no le pareció bien que me tomase a la ligera algo tan serio como la enfermedad y antes de que finalizase el año todo se había solucionado de la manera más satisfactoria.
Una prometedora mañana de octubre recibí dos cartas procedentes de Cranford. La señorita Pole y la señorita Matty me escribían para rogarme que fuera a Cranford para encontrarme con los Gordon, que habían regresado a Inglaterra sanos y salvos con sus dos hijos ya bastante crecidos.