Cranford
Cranford Jessie Brown conservaba su carácter amable, aunque hubiese cambiado de nombre y de estado civil, y escribió notificando que ella y el comandante Gordon pensaban estar en Cranford el día catorce y que esperaba y rogaba que transmitieran sus saludos a la señora Jamieson (nombrada en primer lugar, como correspondía a su honorable condición), la señorita Pole y la señorita Matty (¿cómo iba a olvidar su bondad para con su padre y hermana?), la señora Forrester, el señor Hoggins (aquí aludía de nuevo al buen trato que había dispensado a los fallecidos antaño), a su nueva esposa, a quien la señora Gordon anhelaba conocer y que era, además, una antigua conocida de su marido en Escocia. Resumiendo, los nombraba a todos, desde el párroco (destinado a Cranford en el periodo transcurrido entre el fallecimiento del capitán Brown y la boda de la señorita Jessie, ahora vinculado a este último acontecimiento) hasta la señorita Betty Barker. Todos estaban invitados a la comida. Todos excepto la señora Fitz-Adam, que se había instalado en Cranford después de la época de la señorita Jessie Brown, y a quien vi un tanto abatida por culpa de la omisión. La gente se sorprendía de que la señorita Betty Barker formara parte de la honorable lista, pero, como apuntó la señorita Pole, no había que olvidar el desdén por las reglas sociales de la vida que el capitán había inculcado a sus hijas, y en su honor nos tragamos el orgullo. Sin duda la señora Jamieson tomó como un cumplido que pusieran a la señorita Betty (su antigua criada) al mismo nivel que «los Hoggins».