Cranford
Cranford —¡Señor Peter! ¿Mató a un querubín de un tiro? ¡Me temo que esto es un sacrilegio!
El señor Peter recuperó la compostura al instante y aparentó estar sorprendido por la idea, que, como dijo con bastante sinceridad, era la primera vez que se le ocurría. La señora Jamieson debió de recordar que el hombre había vivido largo tiempo entre salvajes, los cuales eran siempre paganos y algunos, temía, manifiestos disidentes[38]. Entonces, viendo que se acercaba la señorita Matty, el señor Peter cambió bruscamente de conversación y tras unos instantes se volvió hacia mí para decirme: «No se sorprenda, querida Mary, por mis historias fantasiosas. Considero a la señora Jamieson una pieza fácil, y además tengo la intención de propiciarme su voluntad, y el primer paso es mantenerla bien despierta. La he engatusado para que viniera pidiéndole permiso para emplear su nombre como patrocinadora de la sesión de esta noche de ese pobre ilusionista, y no quiero darle tiempo para que despliegue su rencor contra los Hoggins, que ahora mismo hacen su aparición. Deseo que todos sean amigos porque tales desavenencias abruman mucho a Matty. Volveré a la carga enseguida, así que no debe asustarse. Esta misma noche pienso hacer mi entrada en la sala de actos con la señora Jamieson a un lado y milady, la señora Hoggins, al otro. Vaya si lo conseguiré».