Cranford
Cranford Miró gravemente a las dos mujeres con aquellos ojos tan dulces y sinceros; más tarde, la señorita Pole comentó a la señorita Jenkyns que apenas había podido contenerse sabiendo, como sabía, el trato que la señorita Brown dispensaba a su hermana.
No obstante, se cumplieron al pie de la letra los deseos de la señorita Jessie. Le dirían a la señorita Brown que a su padre lo habían mandado llamar para hacer un breve viaje por asuntos de la compañía del ferrocarril. Lo habían arreglado de alguna manera, aunque la señorita Jenkyns no supo decir exactamente cómo. La señorita Pole se iba a quedar con la señorita Jessie. La señora Jamieson mandó a alguien a preguntar. Eso fue todo lo que supimos aquella noche. Fue una noche muy triste. Al día siguiente, el periódico local que recibía la señorita Jenkyns publicó un artículo detallado del fatal accidente. Tenía la vista muy débil, dijo, y me pidió que se lo leyera. Cuando llegué a «el gallardo caballero estaba totalmente absorto en la lectura de un número de Pickwick que acababa de recibir», la señorita Jenkyns negó con la cabeza en un gesto largo y solemne y finalmente suspiró: «¡Pobre hombre, qué encaprichado estaba!».