Cranford
Cranford Iban a transportar el cuerpo desde la estación hasta la parroquia, donde se efectuaría el entierro. La señorita Jessie había decidido acompañarlo hasta la sepultura y nadie consiguió disuadirla. El dominio que tenía sobre sus propias emociones casi la convertía en un ser obstinado y no cedió ante las súplicas de la señorita Pole ni los consejos de la señorita Jenkyns. Finalmente esta se rindió y, tras un silencio que temí fuera el presagio de un profundo resentimiento contra la señorita Jessie, anunció que la acompañaría al funeral.
—No es apropiado que vaya sola. Si lo permitiera, iría en contra del decoro y la humanidad.