Cranford
Cranford Según parece, la señorita Pole tenía un primo lejano, de segundo o tercer grado, que tiempo atrás había pedido en matrimonio a la señorita Matty y que en la actualidad vivía en su propiedad a cuatro o cinco millas de Cranford; esta propiedad, sin embargo, no era lo bastante grande como para hacerle merecedor de otro título que el de terrateniente; o mejor dicho, con cierto «orgullo que remeda la humildad» se había negado a alcanzar, como tantos otros de su clase, el rango de los hacendados. No permitía que le llamasen señor don Thomas Holbrook e incluso devolvía las cartas que le llegaban con ese título diciendo a la encargada del servicio de correos de Cranford que su nombre era señor Thomas Holbrook, terrateniente. Rechazaba cualquier innovación doméstica y dejaba la puerta de la casa abierta en verano y cerrada en invierno sin aldaba ni campanilla para llamar a un criado: su puño, o el del bastón, le bastaban para ello si encontraba la puerta cerrada. Desdeñaba cualquier mejora que no estuviera profundamente arraigada en la humanidad. Si no había ningún enfermo presente, no veía la necesidad de bajar la voz. Hablaba a la perfección el dialecto de la región y lo usaba constantemente en la conversación, aunque según la señorita Pole (que fue quien me proporcionó tales detalles) era la persona que leía mejor y con más sentimiento de todas las que había oído, exceptuando al difunto párroco.