Cranford
Cranford —Tampoco a mà —respondió él—. Mi ama de llaves me los habrÃa impuesto, pero yo le conté que cuando era joven seguÃamos estrictamente el precepto de mi padre: «Sin caldo, no hay budÃn; y sin budÃn, no hay carne». AsÃ, la comida siempre empezaba con un caldo, al cual seguÃan las bolas de masa hervidas en el caldo con la carne, y luego la ternera. Si no nos tomábamos el caldo, no nos servÃan el budÃn, que nos gustaba muchÃsimo más; finalmente llegaba la carne y sólo la comÃan los que habÃan dado buena cuenta de los otros dos platos. Ahora la gente empieza por las cosas dulces y vuelven el orden de las comidas al revés.