Cranford
Cranford Se volvió bruscamente.
—«Maravilloso», muy bien dicho. Cuando leí la reseña de sus poemas en la revista Blackwood, me puse en camino en menos de una hora, anduve siete millas hasta llegar a Misselton (los caballos no estaban disponibles) y encargué el libro[10]. Vamos a ver, ¿de qué color son los brotes del fresno en marzo?
«¿Se estará volviendo loco? —pensé—. ¡Cómo se parece a don Quijote!».
—Insisto, ¿de qué color son? —repitió con vehemencia.
—La verdad es que no lo sé, señor —me hizo responder la mansedumbre de mi ignorancia.
—Sabía que lo ignoraba. Yo tampoco lo sabía, estúpido de mí, hasta que vino este joven y me lo dijo. «Negro como los brotes de fresno en marzo». He vivido toda la vida en el campo, y para mí es una vergüenza aún mayor no saberlo. Negros, señora mía. Son negros como el azabache.