Cranford
Cranford —No recuerdo de qué trataba y he olvidado por completo el tÃtulo, pero lo escribió el doctor Johnson, era muy hermoso y se parecÃa mucho al que acaba de leer el señor Holbrook.
—No lo recuerdo —dijo él reflexionando—. Pero no conozco bien los poemas del doctor Johnson. Tendré que leerlos.
Al subir al calesÃn, ya de vuelta, oà decir al señor Holbrook que pronto visitarÃa a las damas para saber si habÃan llegado bien a sus casas; tales palabras provocaron en la señorita Matty un evidente sentimiento momentáneo de halago y complacencia; pero cuando la vieja casa quedó oculta entre los árboles, sus sentimientos hacia el propietario de la misma fueron gradualmente absorbidos por la duda angustiada de si Martha habrÃa faltado a su palabra y habrÃa aprovechado la ausencia de su ama para traer a un «pretendiente». Cuando la criada salió a ayudarnos tenÃa un aspecto compuesto de buena y formal; siempre se mostraba muy atenta con la señorita Matty y aquella noche empleó una frase desafortunada:
—¡Ay, señora, señora! ¡Pensar que está fuera de casa a estas horas y con un chal tan fino! ¡Si es casi una muselina! A su edad, señora, deberÃa tener más cuidado.