Cranford

Cranford

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pero volvamos a las cartas de la señora Jenkyns. Hablaba a su esposo de los pobres de la parroquia, de las medicinas caseras que les administraba y de las purgas que les había enviado. No cabía duda de que se valía del enfado de su esposo como amenaza continua que planeaba sobre las cabezas de los permanentemente descontentos. Le pedía instrucciones sobre las vacas y los cerdos, aunque como ya hemos visto no siempre las recibía.

La anciana y cariñosa abuela murió poco antes del nacimiento del niño, no mucho después de publicarse el sermón; pero había allí otra carta de exhortación del abuelo, más mordaz y reprobatoria que las otras, pues ahora se trataba de un niño al que había que salvaguardar de las trampas del mundo. En ella describía todas las clases de pecado en los que pueden caer los hombres, tantos que llegué a preguntarme cómo era posible que alguien muriera de muerte natural. Parecía como si a la horca se debiera el final de la vida de la mayoría de los amigos y conocidos del abuelo; no me extrañó en absoluto que describiera esta vida como «un valle de lágrimas».

Era extraño que jamás hubiera oído hablar de este hermano, pero llegué a la conclusión de que había muerto joven, pues de lo contrario sus hermanas habrían mencionado su nombre alguna vez.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker