Cranford
Cranford Al poco rato apareció el paquete de cartas de la señorita Jenkyns, y esta vez la señorita Matty se mostró reticente a quemarlas. DecÃa que las otras sólo interesaban a aquellos que amaban a quienes las habÃan escrito y la entristecÃa la idea de que fueran a parar a manos de unos extraños que no habÃan conocido a su querida madre, ni sabÃan lo buena que era aunque su ortografÃa no siempre fuera perfecta según las reglas modernas. Sin embargo, las cartas de Deborah eran extraordinarias y cualquiera podÃa sacar provecho de su lectura. HabÃa leÃdo a la señora Chapone mucho tiempo atrás, pero recordaba haber pensado que Deborah podrÃa haber dicho las mismas cosas con la misma perfección. ¡Y la señora Carter! La gente pensaba mucho en sus cartas sólo porque habÃa escrito Epictetus, pero la señorita Matty estaba convencida de que Deborah nunca habrÃa utilizado una expresión tan vulgar como «¡Me da pereza!».