Cranford
Cranford La señorita Matty era reacia a quemar aquellas cartas, no cabía duda. No estaba dispuesta a permitir que yo las leyera para mí sin prestarles mucha atención y saltándome párrafos. Me las arrebató e incluso encendió una segunda vela para leerlas en voz alta con el énfasis adecuado y sin que se le trabara la lengua en las palabras difíciles. ¡Dios mío! ¡Y yo que deseaba hechos y no reflexiones antes de que concluyera la lectura de aquellas cartas! Duraron dos noches y no negaré que aunque aprovechaba el tiempo para pensar en otras cosas, siempre asumía mi papel al final de cada frase.