Cuentos goticos
Cuentos goticos Cuando Augharad tenía diecisiete años y Owen once o doce, el rector de la parroquia a la que pertenecía Bodowen aconsejó al señor Griffiths que enviara al niño al colegio. El rector tenía muchas aficiones en común con su feligrés y era su único amigo íntimo, y, tras repetidas discusiones, consiguió convencerle de que la vida que llevaba Owen era perjudicial en todos los sentidos. El padre se resistía a separarse del hijo, pero acabó enviándole a la escuela de Bangor, que dirigía entonces un excelente humanista. Owen demostró que tenía más dotes de lo que había imaginado el rector cuando dijo que la vida que había llevado el muchacho en Bodowen le había embotado completamente. Dio muestras de ser capaz de honrar a la escuela en la rama concreta del conocimiento por la que se distinguía. Pero no era popular entre sus condiscípulos. Aunque ciertamente generoso y abnegado, era retraído; se mostraba reservado, aunque amable, salvo cuando se dejaba arrastrar por tremendos arrebatos de cólera (de características similares a los de su padre).