Cuentos goticos
Cuentos goticos —SÃ, lo he hecho. Ahora ya lo sabes. Era mi sino. ¿Cómo iba a evitarlo? Me ayudó el diablo… él colocó la piedra para que mi padre cayera. Me tiré al agua para salvarle. De veras, Nest. Estuve a punto de ahogarme. Pero él estaba muerto… muerto… ¡se mató al caer!
—¿Entonces está en el fondo del mar? —preguntó Ellis, con ávido entusiasmo.
—No, no; está en mi barco —dijo Owen, con un leve temblor, menos de frÃo que por el recuerdo de la última vez que habÃa visto el rostro de su padre.
—¡Ay, amor mÃo, cámbiate de ropa que estás empapado! —le pidió Nest, para quien la muerte del anciano sólo era algo terrible en lo que nada podÃa hacer, mientras que la incomodidad de su marido era un problema inmediato.