Cuentos goticos
Cuentos goticos —Sà —dijo Dorothy—. Por desgracia la gente cambia. Aunque, si es cierto lo que decÃa el padre de mi amo, la señorita Furnivall, la hermana mayor, era todavÃa más guapa que la señorita Grace. Su retrato está aquà en un sitio, pero si os lo enseño no debéis decirle a nadie que lo habéis visto, ni siquiera a James. ¿Crees que la señorita se callará?
No estaba muy segura, era una niñita tan dulce, tan atrevida, tan franca y abierta, asà que le dije que se escondiera; y luego ayudé a Dorothy a dar la vuelta a un cuadro grande, que no estaba colgado como los otros sino apoyado de cara a la pared. Superaba en belleza a la señorita Grace, desde luego; y creo que también en orgullo desdeñoso, aunque puede que en ese aspecto resultase más difÃcil decidir. HabrÃa podido pasarme una hora contemplándolo, pero Dorothy parecÃa un poco asustada por habérmelo enseñado, y volvió a darle la vuelta en seguida y me mandó que corriera a buscar a la señorita Rosamond, porque habÃa algunos sitios peligrosos en la casa en los que no querÃa que entrara la niña. Yo era una muchacha valiente y animosa y no hice mucho caso de lo que me dijo, porque me gustaba jugar al escondite tanto como a cualquier niño de la parroquia; asà que corrà a buscar a mi pequeña.