Cuentos goticos
Cuentos goticos Grace no sabÃa la frecuencia con que su falta de bondad y afecto habÃa traspasado el tierno corazón de la extraña que vivÃa bajo su techo; pero en aquel momento Lois no lo recordó. Se le llenó la memoria, en cambio, de gratos pensamientos por cuanto habÃa hecho por ella su tÃa, que una persona menos escrupulosa no habrÃa hecho, y casi le tendió los brazos como a una amiga en aquel lugar desolado, mientras respondÃa:
—¡Oh, no, no! ¡Has sido muy buena! ¡Muy amable!
Pero Grace permaneció inmutable.
—No te hice ningún mal, aunque nunca comprendà exactamente por qué acudiste a nosotros.
—Me lo pidió mi madre en su lecho de muerte —gimió Lois, cubriéndose la cara. OscurecÃa por momentos. Su tÃa guardaba silencio.
—¿Se ha portado mal contigo alguno de los mÃos? —preguntó al poco rato.
—No, no, nunca, hasta que Prudence dijo… ¡Ay, tÃa! ¿Crees que soy una bruja? —Lois se levantó, agarrándose al manto de Grace e intentando descifrar su expresión. Esta se apartó de la joven, a quien temÃa, aunque buscara ganarse su voluntad.