Cuentos goticos
Cuentos goticos —Hombres más sabios y más piadosos que yo lo han dicho. Pero ¡ay, Lois, Lois! Él es mi primogénito. Libérale del demonio, por el amor de Quien no me atrevo a nombrar en este lugar espantoso, donde se juntan quienes han renunciado a las esperanzas de su bautismo. ¡Libera a Mannasseh de su espantoso estado si alguna vez los mÃos o yo te hemos hecho algún favor!
—Me lo pides en nombre de Cristo —dijo Lois—. Yo puedo pronunciar ese nombre santo, pues, ¡ay, tÃa!, en realidad, la pura y sagrada verdad es que no soy una bruja; y sin embargo he de morir, ¡ahorcada! ¡No permitas que me maten, tÃa! Nunca he hecho daño a nadie a sabiendas.
—Por pura vergüenza, ¡calla! Esta tarde he atado a mi primogénito con fuertes cuerdas para impedir que se haga daño o nos lo haga a nosotros, tal es su frenesÃ. Escúchame, Lois Barclay. —Grace se arrodilló a los pies de su sobrina y unió las manos como si fuese a rezar—. Soy una mujer orgullosa, ¡que Dios me perdone!, y nunca se me ha ocurrido arrodillarme ante nadie salvo ante Él. Y ahora me arrodillo a tus pies para suplicarte que liberes a mis hijos, sobre todo a mi hijo Manasseh, de los hechizos que les has hecho. Lois, haz lo que te pido y rezaré al Todopoderoso por ti, si todavÃa puede haber misericordia.