Cuentos goticos
Cuentos goticos Cuando terminó el aprendizaje, lo único que le interesaba era irse a Londres uno o dos años. El pobre granjero Huntroyd estaba empezando a arrepentirse del empeño en que su hijo Benjamin fuese un caballero. Pero ya era demasiado tarde para lamentaciones. La madre pensaba lo mismo, pero, por muy afligidos que estuviesen, ambos guardaron silencio y no aprobaron ni pusieron reparos a la proposición de su hijo cuando se la expuso. Bessy, en cambio, advirtió entre lágrimas que tanto su tío como su tía parecían más cansados que de costumbre aquella noche, sentados en el banco junto al fuego, cogidos de la mano y mirando ociosamente las llamas brillantes como si viesen en ellas imágenes de lo que habían esperado en otro tiempo que sería su vida. Recogió las cosas de la cena cuando se marchó Benjamin haciendo más ruido que de costumbre, como si necesitara el ruido y el ajetreo para no echarse a llorar; y, tras haber captado de una ojeada la actitud y la expresión de Nathan y de Hester, procuró no volver a mirarlos para que no se le saltaran las lágrimas al verlos tan tristes.