Cuentos goticos
Cuentos goticos —No —dijo Nathan—, ya es mayor para eso. Ahora mismo, no sabemos dónde está y no hace ni una hora que se ha marchado. Es demasiado mayor para ponerle otra vez en el andador o impedir que salga de casa bloqueando la puerta con una silla.
—Ojalá fuese otra vez un niño pequeño en mis brazos. El dÃa que le desteté fue doloroso; pero creo que la vida lo es cada vez más a cada paso que da hacia la edad adulta.
—Vamos, mujer, esa no es forma de hablar. Da gracias por tener un hijo que es un hombre de casi seis pies de estatura y que nunca está enfermo. No le afearemos su aventura, ¿eh, Bess, hija mÃa? Volverá dentro de un año o un poco más, tal vez, dispuesto a establecerse en una ciudad tranquila, con una esposa que no está muy lejos de mà en este preciso momento. Y nosotros los viejos iremos haciéndonos mayores, dejaremos la granja y nos instalaremos en una casa cerca del abogado Benjamin.
Y asà intentó tranquilizar a sus mujeres el bueno de Nathan, que se sentÃa bastante apesadumbrado. Pues de los tres, fue él quien tardó más en cerrar los ojos; y quien tenÃa temores más fundados.