Cuentos goticos
Cuentos goticos «No hace falta preocuparlas —se dijo—. Los muchachos son asÃ. Aunque no creÃa que fuese tan insensato pese a ser tan joven. En fin, a lo mejor se vuelve más prudente en Londres. De todos modos, es mejor separarle de chicos tan malvados como Will Hawker y demás sinvergüenzas parecidos. Son ellos quienes han llevado por mal camino a mi hijo. Era un buen muchacho hasta que los conoció, un buen muchacho hasta que los conoció».
Pero apartó todas sus preocupaciones cuando entró en la sala, donde tanto Bessy como su esposa le recibieron en la puerta, dispuestas a ayudarle a quitarse el gabán.
—¡Vamos, muchachas, vamos! ¿No podéis dejar que un hombre se quite solo la ropa? ¡Vaya! ¡PodrÃa haberte dado un golpe, chica! —y siguió hablando, procurando eludir el tema que les preocupaba. Pero no habÃa modo de que lo olvidaran; y, a fuerza de preguntas repetidas, su esposa le sonsacó más de lo que él pensaba contar, suficiente para apenarlas a las dos; y, pese a todo, el valeroso anciano se guardó lo peor.