Cuentos goticos
Cuentos goticos Benjamin volvió a casa al dÃa siguiente a pasar una o dos semanas antes de iniciar su gran viaje a Londres. Su padre se mostró distante con él, serio y silencioso. Bessy estaba bastante enfadada al principio e hizo muchos comentarios mordaces, pero empezó a ablandarse y a sentirse herida y disgustada por la reserva y la frialdad que seguÃa manifestando Nathan cuando Benjamin iba a marcharse ya. Su tÃa se concentró temblorosa en los roperos y en la cómoda, como si le diera miedo pensar en el pasado o en el futuro. Sólo un par de veces se inclinó hacia su hijo al pasar detrás de donde estaba sentado y le besó la mejilla y le acarició el pelo. Bessy recordarÃa después —muchos años después— cómo habÃa apartado él la cabeza crispado en una ocasión y habÃa refunfuñado (su tÃa no lo oyó, pero ella sÃ): «¿No puedes dejar en paz a un hombre?».
Con Bessy fue muy amable, en realidad. No hay otra palabra que exprese su actitud, que no era cariñosa ni tierna ni de primo, sino de una cortesÃa elemental con una mujer joven y guapa; una cortesÃa que no ejercÃa en la actitud autoritaria o rezongona con su madre y en el hosco silencio con su padre. Aventuró un par de veces un cumplido a Bessy sobre su apariencia personal. Ella lo miró asombrada sin moverse.