Cuentos goticos
Cuentos goticos —Señor, ¿por qué me llamas ahora señor? ¿Son tus modales finos? Soy Nathan Huntroyd a secas, y nunca he pretendido ser un caballero; pero he salido adelante sin deber nada a nadie hasta ahora, y no podré seguir haciéndolo mucho más con un hijo que viene a pedirme trescientas libras como si fuera una vaca y no tuviera otra cosa que hacer que darle la leche al primero que me halague.
—Bueno, padre —dijo Benjamin simulando sinceridad—, entonces no me queda más remedio que hacer lo que he pensado muchas veces antes. Emigrar.
—¿Qué? —preguntó el padre, mirándole fijamente con dureza.
—Emigrar. Marcharme a América o a la India, o a alguna otra colonia donde haya una oportunidad para un joven de carácter.
Benjamin guardaba esta propuesta como su baza, esperando llevárselo todo con ella. Para su sorpresa, sin embargo, su padre sacó el bastón del agujero que habÃa hecho al clavarlo con fuerza en el suelo y se adelantó cuatro o cinco pasos; se detuvo de nuevo, y hubo un profundo silencio durante unos minutos.